Una noche como hoy del año 1979 se enfrentaron por vez primera en una cancha NBA los dos mayores mitos del baloncesto 'clásico' estadounidense, que es como yo defino a la época previa a los años 90. Luego vendría el baloncesto 'moderno', con saltarines como Michael Jordan que se beneficiaron enormemente -sobre todo a nivel financiero- de lo que Larry 'Legend' Bird y Earvin 'Magic' Johnson protagonizaron una década antes. Su aterrizaje en la mejor liga del mundo venía precedido de una final universitaria ya clásica en el inconsciente colectivo (Michigan State vs. Indiana State) y de un aroma a rivalidad de estrellas jóvenes que accedían al profesionalismo de la mejor de las maneras posibles: blanco vs. negro, celtic vs. laker, Este vs. Oeste... y aquí, en España, nadie tenía ni idea de lo que estaba pasando. Poco importan sus canastas en el último segundo, sus pases imposibles, sus robos de escándalo, sus carreras completas millones de veces narradas, reverenciadas y repetidas hasta la saciedad. El mayor legado de Bird y 'Magic', 30 años después de su estreno en la NBA, sigue siendo revalorizar una Liga hasta el extremo de convertirla en un atractivo producto televisivo reclamado por todo el planeta. La NBA les debe a estos dos mucho más de lo que los anillos o las estadísticas puedan mostrar. Les debe, entre otras cosas, el descubrimiento e implantación de la mercadotecnia (o marketing) deportiva a escala mundial; al igual que George Lucas inventó el 'merchandising' cinéfilo con 'Star Wars' -y se hizo multimillonario con ello, y no con la película-, David Stern y Converse -especialmente- supieron ver en Bird y Johnson el reclamo perfecto para que el planeta descubriera la NBA y comenzara a consumirla con ansia. Así conocimos en España la existencia de esa Liga. Por ellos. Y, como aquí, en el resto de Europa y prácticamente del mundo. Gracias a ellos, además, se comenzaron a pagar altas nóminas en la NBA, y aún así los jugadores empezaron a ganar más gracias a la publicidad que a su actividad sobre la cancha. Ellos cambiaron el baloncesto mucho más de lo que imaginamos en su momento, cuando aún podíamos verlos en acción, y es justo agradecérselo, pero no sólo nosotros, como analistas o aficionados, sino también todas las generaciones de jugadores que llegaron después a una Liga que, aunque devaluada, sigue siendo uno de los espectáculos deportivo/mediáticos más importantes de la Tierra.
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