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24 agosto, 2009

VALENCIA + F1 = ¿TERRA MITICA 2?

Afortunadamente, pasé el pasado fin de semana disfrutando de una hermosa casa rural en Beneixama -en breve dedicaré un post al respecto- y no soportando en Valencia el rimbombante y segundo Gran Premio de Europa de Fórmula 1. Afortunadamente. Más que nada, porque no me gusta que me mientan como ciudadano, como periodista y como valenciano. Dejando aparte el más que dudoso 'glamour' del evento (el único 'famoso' a nivel mundial fue Eric Clapton) y su resultado a nivel deportivo (Alonso, al menos, acabó esta vez la carrera), esta segunda edición nos deja con un Gobierno de la Generalitat que falta clamorosamente a su palabra, dejando con el culo al aire a los ciudadanos de esta Comunidad. En abril de 2007, a nuestro Consell se le hinchó la boca afirmando que la Fórmula 1 "no costará un euro a las arcas públicas". Acto seguido, se destinaban 90 millones de euros de fondos públicos para la adaptación del entorno del Puerto de Valencia y la construcción propia del Street Circuit, se constituía Valmor Sports como sociedad gestora y, en el tiempo récord de un año, se celebraba el primer GP de Europa. El 'exito político' de la Generalitat (recordemos que Ecclestone condicionó la llegada de la F1 a la reelección de Camps como presidente... en plena campaña electoral) por aquel entonces ya había costado la friolera de 16.000 millones de pesetas... oficialmente. Hoy, otro año después, nos enteramos que Ecclestone amenazó con llevarse la F1 de Valencia por los supuestos impagos de la deficitaria Valmor, a lo que acto seguido nuestro Gobierno autonómico reaccionó asumiendo alegremente desde las arcas públicas el coste del canon anual de 18 millones de euros. Por desgracia, esto me suena, y ya hemos visto qué pasó con el dinero público que se destinó a otras magnas obras públicas hechas 'para mayor gloria de los valencianos' como Terra Mítica; y que conste que digo 'valencianos' en el más amplio y autonómico sentido de la palabra, puesto que no creo que a castellonenses o alicantinos les haga gracia tener que pagar de sus impuestos la F1 de Valencia, como en su momento a muchos castellonenses o valencianos no les gustó tener que cubrir de sus bolsillos los desmanes de la megalomaníaca, superdeficitaria y benidormí Terra Mítica. Por cierto, si "Valmor no está en la F1 para ganar dinero" -Jorge Martínez 'Aspar' dixit-... ¿cómo pensaban pagar el canon anual de Ecclestone? ¿Con cromos del Coyote? ¿O con todas las entradas que no han sabido vender en dos años? ¿O se trata de la vieja máxima de "si hay beneficios, para mí, pero si hay pérdidas, para todos"? Cuentan que el presidente de Valmor, Fernando Roig, pensaba abandonar la sociedad gestora de la F1 esta misma semana, harto de las condiciones leoninas del pequeño Bernie y su circo ambulante, entre otras cosas que hoy no tocan. Quizá ahora que entre todos los ciudadanos de a pie de esta Comunidad vamos a pagar el déficit y el contrato firmado por Generalitat Valenciana y Valmor Sports en su día, igual se lo piensa y continúa en el cargo. Qué morro. Los unos y los otros. Y así hasta 2014 con la dichosa F1.

NOTA: Por cierto, ¿de dónde ha salido la cifra oficial de 81.231 espectadores en el Street Circuit si sólo se vendieron 70.000 entradas? ¿O es que se ha engordado -bastante- la cifra sumando todos los empleados de organización y equipos, los casi 2.000 periodistas acreditados y los miles de invitados de las instituciones? Y aún así sigue siendo penosamente ridículo en comparación a los 115.000 del año pasado...

28 junio, 2008

¿LA ALEGRIA DE LA HUERTA?

No todos los días una pareja cumple 40 años como matrimonio, y no todos los días se tiene la posibilidad de celebrarlo junto a los más queridos. Hoy era uno de esos días, y la pareja protagonista, mis padres. Para conmemorarlo, mi esposa Beatriz y yo mismo reservamos mesa en un restaurante de la playa de la Malvarrosa al que algunas veces hemos acudido y en el que siempre nos han tratado y servido bien. Su nombre: 'La Alegría de la Huerta'. Desgraciadamente, hoy no ha sido una de esas veces. De entrada, poco espacio para una mesa de ocho comensales debido al lógico abarrotamiento veraniego (si metes a 150 donde sólo caben 100...). Sigo: Servicio triste y lento (15 minutos de reloj para las bebidas, 30 más para los entrantes...). Habíamos llegado a las 14'30 y a las 15'30, por fin, llegó el deseado 'arròs a banda'. Nos lo enseñan, nos lo emplatan y... llega la sorpresa: el arroz está crudo por dentro y ligeramente empastrado por fuera, producto de una cocción demasiado rápida o del poco caldo de pescado empleado a tal efecto. Protestamos. Lo retiran. Nos hacen otro y, mientras (otros 35 minutos), ningún camarero ni responsable del restaurante nos pide disculpas -eso lo primero- ni nos ofrece nada para pasar el tránsito -y el hambre- hasta el segundo 'arròs a banda'. Llega el invento y más de lo mismo: crudo por dentro (se veía blanca hasta la raíz del cereal) y -esta vez- suelto por fuera. Volvemos a protestar. Vuelven a retirarlo. Intuyo que añadirían más caldo -o agua- y volverían a ponerlo al fuego porque en apenas 10 minutos llega un tercer arroz que sigue estando incomible. En medio, un responsable del local se acerca para decirnos con un tonito desagradable "será la primera mala que ha salido hoy, porque nadie ha protestado"; perdone, mi buen señor, que nadie proteste no quiere decir nada, e igual es la primera de la que se le han quejado a la cara, pero no sería la única "mala" cuando a apenas dos mesas de la nuestra también se quejaban de su paella de marisco. Para finalizar, a las 16'30, desistimos del arroz y -como diría mi suegro- con más hambre que Cascorro pedimos unos rápidos lenguados a la plancha que llegan demasiado hechos y completamente secos. Yo, que a medida que avanzaba la tarde me iba calentando (like Human Torch), opto por engullir la mitad del lenguado a golpe de Blanc Pescador, pedir los cafés y que saquen la tarta que habíamos encargado, la cual sueltan en medio de la mesa junto a un cuchillo de generosísimas dimensiones... para que nos la cortemos (la tarta) nosotros mismos. Con los cafés, el camarero le recuerda a mi señora que está prohibido fumar en el local, mientras un camarero se arrea un Marlboro tras la barra y junto a las tapas (además de no estar visible la prohibición por ninguna parte y haber máquina de tabaco y ceniceros).
NOTA: Como comprenderéis, una comida para olvidar de la que ya resarciremos convenientemente a mis padres. Como espero que entendáis, un sitio -'La Alegría de la Huerta'- al que jamás volveremos a ir y del que no guardaremos buen recuerdo. Así pues: Nada recomendable.